El silencio es reparador.

El silencio no es una anomalía del mundo moderno; es una necesidad básica. Aunque nos cueste admitirlo, hay un poder inmenso en él. Las palabras tienen más fuerza cuando el silencio las separa.

Quizás lo que ocurre hoy es una crisis de silencio. Un aprendizaje involucionado donde creemos que todo se cura hablando, llenando huecos, produciendo sonido.

En Japón existe el concepto Ma (間): el espacio negativo, la pausa necesaria. En una disputa, se deja espacio al silencio para que aborde lo que las palabras no pueden alcanzar.

Como dice el refrán: no digas nada que no sea más bello que el silencio.

Pero el ser humano, anclado en la necesidad de producir, fabrica ruido. Es el efecto de nuestra inquietud por abarcar, por conquistar, por adquirir. Creamos ruido para que acompañe a nuestra conversación interna.

Porque, al final, el ruido es simplemente la expresión sonora de nuestro estado
espiritual.

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