2. Con 40 y en casa de mis padres.

Muy buenas desde la tórrida Valencia y su asfixiante humedad. Es curioso que, mientras voy subiendo de niveles, haya más gente acorde a lo que siempre he dicho: el verano apesta. Así, en términos generales. Tiene matices que me agradan, como los paseos nocturnos por la playa o la brisa marinera dando respiro al implacable calor del Mediterráneo. Sin embargo, en Valencia el verano dura entre 4 y 5 meses, no tenemos realmente un otoño y… oh, amo el otoño. Dame lluvias, ambiente acogedor, lectura de un buen libro y un buen té.

Llevamos poco tiempo conociéndonos, pero mis viajes siempre han sido por el norte de Europa. Y cuando viví el otoño en Edimburgo, ya nada volvió a ser lo mismo. Las hojas marrones, la lluvia, los coffee shops y el ambiente bucólico es algo que siempre me ha atraído. No entiendo si es una especie de percepción melancólica que me ha acompañado toda mi vida, pero paradójicamente me ocurre lo contrario: el otoño me alegra la vida. Los días cortos no me importan y me encanta sentir el frío en mi piel.

Ahora la gente entiende que me haya ido tres meses a países fríos durante el verano en España. El dicho será cierto entonces: el tiempo pone a cada uno en su lugar.

Pero yo no quería hablar de esto. Porque ya no estoy en Irlanda, ni Escocia, ni Noruega; estoy de vuelta en la terreta. Y el motivo de mi vuelta no es porque echara de menos la horchata, ni tampoco especialmente a nadie en concreto… sino un equilibrio, una estabilidad. Irme fuera todos los años y no comprometerme a buscarme la vida en un lugar fijo tiene sus pros, todos lo sabemos, pero también sus contras. Uno de ellos es que nunca he tenido un lugar propio y personal al que llamar mi hogar. Mi estilo de vida no echaba raíces y veía una pérdida de dinero alquilar nada si a los meses acabaría yéndome fuera.

Al final me pasó factura.

Durante los últimos traviajes empezaba a sentirme muy desconectado de la idea principal. De mi identidad de fotógrafo viajero y de la curiosidad de trabajar en otros países. Quería un lugar donde leerme un buen libro, cocinar una buena receta y pasear a mi perrete por el campo. De repente, me vi desorientado y sin rumbo.

A veces, los días pueden estar ligeramente nublados.

Y por eso volví.

Necesitaba reencauzar mi rumbo, aunque eso implicara volver a casa de mis padres y empezar de cero. Lo más difícil es aceptarlo, pasar la etapa de luto de una identidad que ya no encaja, porque hay restos instalados en tu sistema que de vez en cuando piden su sitio. A veces, sueño con volver a Escocia y quedarme allí, pero la parte lógica me dice que con el Brexit es un gasto de recursos actualmente innecesario.

Tenía que volver a la casilla de salida y entender que, hasta que no supiera cómo funciona el juego, no podía tirar los dados.

Volver a casa de mis padres tiene su struggle (me encanta esta palabra, jaja). La brecha generacional, la falta de espacio personal y reorientarse laboralmente requiere un despliegue emocional que muchas personas sufren y pocas entienden. Sobre todo cuando quieres mirar alquileres y eres consciente de que el panorama es desolador; pero no voy a entrar ni a regocijarme en la queja.

Aceptar una situación es la clave para superarla.

Y ahí es donde me encuentro. Aceptando que tengo que quedarme un tiempo en casa de mis padres, en una ciudad que no me encanta y rodeado de tráfico. Sabiendo que lo único que puedo hacer crecer ahora mismo es mi ser interno.

Y puf, es jodido. No es un camino de rosas.

Porque, aunque quiero aceptar mi situación actual como lo mejor que podría ocurrirme para mi aprendizaje, una parte de mí vive proyectada. Piensa en el futuro y, a veces, con los medios catastróficos asustándonos, parece muy complicado.

Sin embargo, resisto. Porque prefiero pasar por esto que caminar sin rumbo. Prefiero aceptar que mi camino requiere entrenamiento a seguir vagando, rumiando y apagando fuegos. Porque al final, solo son parches.

Por eso creo que empezar este blog para contar mis aventuras, inquietudes y procesos, es lo que más me encaja en este camino de incertidumbre.

Como lo que escribo, a veces no tiene una estructura, pero sé que tiene sentido. Al menos, para mí.

Autor: Jota

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