Baila, fluye y resiste.

Quizás la clave sea bailar como los árboles, fluir como el agua, brillar como el fuego y resistir como el metal.

Pero raramente disfrutamos la vida bajo ese prisma creativo. Nos obsesiona la productividad: hacer una cosa para conseguir otra. Buscar siempre un fin.

Vitoreamos el resultado, pero ignoramos el proceso. Y la realidad es que el resultado no llega solo; lo que llega, mientras esperas, es la ansiedad.

Dejamos que un futuro inexistente gobierne nuestros pensamientos mientras el presente, que está aquí mismo, en la palma de la mano, se nos escapa. Luego llega el lamento, el deseo de volver atrás y, de nuevo, la pérdida de la presencia.

Un bucle infinito.

Solo lo cura la presencia. Bajo mi experiencia, ser consciente de este “ahora” en los momentos más complicados es cuando el doctorado de la vida toma sentido. Ahí es donde realmente accionamos.

Nunca dejes de sorprenderte.

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