… o más bien la alegría.
Merece tanto la alegría que dejé de perseguir la idea de vivir de ello.
Hace unos años, allá por 2018, me apetecía probar a crear algunos vídeos para YouTube mientras vivía en Escocia. El país me inspiraba tanto que no dejaba de ver oportunidades para fotografiar y documentar mi experiencia. Mi plan era trabajar mientras usaba la fotografía como un hobbie. Así pasaron algunos meses hasta que regresé a España.

Ese año decidí estudiar una formación profesional en fotografía. Aprobé el primer año con buena nota, pero el segundo año, después de observar cómo funcionaba el currículum, el profesorado y tras un par de experiencias negativas en las prácticas, decidí dejar la formación para convertirme en “freelance”. Romanticé la idea de vivir de manera autónoma con la fotografía, y el golpe de realidad fue fuerte. Me di cuenta de que no estaba hecho para ser autónomo con este arte. Vulnerable a las críticas y con el síndrome del impostor acechándome, no gestioné bien las dificultades, y todo ello acabó por derrumbar la idea de ganarme la vida con la fotografía.
En febrero de 2020 hice un vídeo que me gustó. Simple y llano: un “photowalk” por Benicalap, un barrio con una vieja tradición artística en Valencia. Usé una pequeña cámara de acción y una cámara compacta. Vi potencial en lo mundano. Subí el vídeo y a los pocos días planeé volver a Escocia, mi país favorito. Incluso reservé un vuelo y tenía un trabajo listo en las Tierras Altas. Era un sueño para mí.
Pero era 2020. Ya sabemos lo que pasó ese año.
Los meses pasaron, y la fotografía quedó como un hobbie. Aplacé la idea de convertirla en una carrera profesional. Me dediqué a hacer intercambios: personas que se ofrecían a posar para que yo practicara. Y cómo disfruté. Conocer gente nueva, pasear por diferentes zonas de la ciudad y simplemente dejarme llevar por el proceso fue una experiencia inolvidable.
En 2021, en plena pandemia, decidí estudiar algo distinto para poder trabajar de forma remota: motion design. Me fascinó, pero a mi ordenador no. La idea se desmoronó porque no podía permitirme un equipo nuevo, y mi viejo ordenador parecía que iba a despegar con cada render en 3D (tardaban entre tres días y una semana). Me salieron algunos clientes, me di de alta por primera vez de autónomo y tras un año raruno decidí dejar este sector.
Eso fue en 2022. Volví a Escocia y redescubrí mi pasión por la fotografía, esta vez usando solo el móvil. Pero empezaron las dudas: ¿Realmente quería dedicarme a buscar clientes o simplemente crear y disfrutar? Así que me compré una Ricoh y me fui un mes a Estados Unidos, usando exclusivamente esa cámara.


Arriba un par de imágenes tomadas con el móvil.
Desde entonces, he estado yendo y viniendo con este arte. A veces con ganas de hacer vídeos o escribir en el blog, pero siempre con una vocecita en mi cabeza diciendo: “No, esto no va por ahí”.
Entre el año pasado y lo que llevamos de este, he reflexionado mucho. Al revisar mis imágenes y después de que una de mis fotos fuera aceptada en una galería en Glasgow, tuve la respuesta clara: me gusta fotografiar lo mundano. Llámalo street, documental o el día a día.

El problema de esto es que no se paga, al menos a corto plazo. Y ya decidí en su momento que vender presets o hacer videos POV no era para mí. Apenas edito mis fotos y grabar POVs me hacía perder la espontaneidad de las imágenes, ya que estaba más atento al vídeo que a las fotos.
Todo esto me llevó a una decisión: dejar la fotografía como un «hobby apasionado» y quitarle el peso que conlleva intentar pagar facturas y alquiler con clientes. Hay otros oficios creativos que me llaman y que creo que podrían darme la libertad geográfica y la independencia que deseo. Ahora quiero perseguir esos caminos.
¿Eso significa que dejaré la fotografía? Ni de coña. De hecho en Substack mantendré mi espacio de The Walk. Porqué siento que es algo que merece la pena mantener.
Realmente es de lo quiero que vaya este blog, de mi proceso a través del camino del creativo. Y esto implica escribir sobre mi aprendizaje y abrazar la imperfección de todo el proceso.
La fotografía merece tanto la pena y es tan bonita que lo mejor que puedo hacer es disfrutarla. Sin más.
Gracias por leerme,
Jota.